Sistematizando una estretegia para tener algún rumbo.Buscandole un sentido a un camino siniestro plagado de arrogantes espinas dolorosas...
Hola, Soy gaston...La foto la tome en Pairumani,Cochabamba- Bolivia en este febrero que ha pasado. Este viaje me sirvió para cargarme de energías.Diganme, ¿no parece un lugar encantado?...Bueno, quien sabe por que motivo este abriendo un blog........
Se me ocurre la pregunta,,,....¿ qué hiciste con tu vida hasta hoy?...¿Alguna vez te lo preguntaste?,,bue, yo si....Plante un palto,una palma,escribi un cuento cuando tenía 17 años, estudie, me recibí..Hice poco,fracasé,triunfé minusculamente, entendí, y aún espero mejores días.
Por el momento voy a publicar una historia que le ayude a escribir a mi hermanito para la escuela.. Es una historia real..La niña de zapatillas blancas es mi abuela......
La niña de las zapatillas blancas.
Vivía en un rancho de adobe de dos aguas prolijamente recién levantado, en el interior sus paredes blanqueadas y pisos de tierra tan pulido con ceniza y barro que brillaban. El rancho siempre iluminado por candil y velas.
Un patio muy grande de claridad intensa, un horno de barro, también un brasero. Afuera había sembrados de papas, maíz, y otros cultivos de un verde intenso que iban cambiando según la estación. Había allí algunas gallinas, patos y un cerdo de engorde para el invierno.
Cerca de la fresca sombra del limosnero se siente la voz de Doña Catalina llamando a sus hijos a desayunar. Allí estaba la mesa, muy larga con el mate cocido servido y ocho miradas a un trozo de pan. Papa Polo era un hombre trabajador golondrina que a veces pasaba diez o quince días fuera de su hogar. Por su parte doña Catalina horneaba pan y cocía ropa para sostener a la familia.
Esperando el regreso de Papa Polo los hermanos pasaban los días jugando en el hermoso patio. Jugar a la escondida, saltar o jugar a la agarrada eran siempre buenas excusas para divertirse. Entre las ocho miradas estaba la niña de las zapatillas blancas con su cara pícara y alegre. Tenía rulos rojizos y hermosas pecas. A su particular y singular apariencia impecable se sumaba las hermosas zapatillas blancas que la distinguían.
La niña de las zapatillas blancas trabajaba en una quinta cercana donde se dirigía todas las tardes para ese cometido. Era la quinta mas importante de la zona. Esta tenía muchas hectáreas de árboles frutales y una hermosa casona. La niña de las zapatillas blancas tenía la tarea de lustrar duraznos y ciruelas que luego salían al mercado en grandes camiones. Entre otras tareas también ayudaba a la dueña de casa a hacer delicioso dulce. La niña se había ganado el cariño de la familia. Entre las cosas que más le gustaban en la quinta estaban esas grandes meriendas, el café con leche bien dulce y grandes panes con dulce de frutas.
Una de esas tardes de merienda la dueña de la quinta había sentido un fuerte olor. Ella se inquietó y pidió a los niños que allí estaban revisaran las suelas de sus zapatos. Todos los niños decían no ser los causantes del mal olor. La señora comenzó a revisar las zapatillas de cada uno de los niños, pero cuando le llego el turno a la niña de las zapatillas blancas ella se había encaprichado en no mostrarle a la señora sus suelas. Al ver la señora que su rostro mostraba preocupación dio por olvidado ese episodio como si ese olor nunca hubiese existido. La señora tratando de distender su nerviosismo le ofreció pan con dulce de frutas. La niña de las zapatillas blancas al estirarse a buscar un trozo de pan dejó ver la suela de sus zapatillas. La sorpresa de la señora fue muy grande. Era la niña con las zapatillas más lindas y vistosas del barrio. Ella era tan iluminada con su impecable carita y vestido sin ningún rastro de abandono que a la señora le costo creer lo que veía. Aquella tarde la señora entendió que en la vida hay cosas imprescindibles para ser feliz, entre ellas una buena merienda y las cosas simples de la vida. Entendió que la dulzura, la felicidad y brillo carismático de aquella niña con zapatillas blancas iluminadas podían superar cualquier contrariedad y adversidad, incluso la ausencia de suelas.. La niña de las zapatillas blancas no las tenía..
Hola.--
ResponderEliminarEiii como va?? muchas gracias por el comentario. Tus ciudades... que quieres que te diga, no están tampoco nada mal. dámalas a mi jajajaj
ResponderEliminarun saludoo
pues vivo en alicante, España. te pilla un poco lejos no?
ResponderEliminarbueno, va, no te preocupes. Si yo voy allí o tu vienes aquí me das el dibujo en persona, ok??
ResponderEliminarokkkkkkk!!!!
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